¿ Cuándo la ilusión sustituye a la realidad ?
Tiene su barca descansando en la arena…
Escrito en un costado un nombre de mujer…
Una vez tan solo hablé con él, fue para pedirle un mechero, le comenté que el nombre que en la barca estaba escrito era muy bonito, me contestó que nadie era la dueña de ese nombre.
Un día un amor se inventó y con el sueño allí se quedó…
Su barca de madera la pinta todos los veranos, con los colores que más puedan destacar.
Y cuando llega el invierno, el mar erosiona la pintura y la barca muestra infinidad de capas sobrepuestas, tantas como las veces que ya fue pintada.
Cada vez que bajo a la playa le observo, me llama la atención, lía sus cigarrillos en papel y se queda absorto mirando el mar.
Los años no le perdonaron tanto trabajar y la piel curtida refleja los estragos que hace la brisa de alta mar.
Pero nada parece importarle porque el ha decidido que a ella pertenece.
En ocasiones le acompaña un chico cuando sale a pescar, es muy joven, alguien que debió de haber dejado los estudios y la vida le ha de recordar, que lo que no aprendió en tierra, con dureza la mar se lo habrá de enseñar.
Paseo por la playa con mis pantalones enroscados más arriba del tobillo, un gorro que tapa mi pelo y un abrigo de cuero forrado, que entibia mi cuerpo.
Poca gente pasea, alguien con algún perro que riñe con las olas y las olas con él.
Y en la orilla recojo alguna piedra que en ese momento me parece original, pero al llegar a casa me doy cuenta que es otra piedra y que todas son igual.
A veces me siento en la arena y saco mi cuaderno y escribo, el mar se queda mirando es lo que tiene que hacer y yo le devuelvo la mirada.
El otoño se muestra agrisado, como si estuviera cansado, tan cansado como ese pescador que sale a buscar los sueños que tan solo la mar le da.
En ocasiones me pregunto que significa ese nombre que se inventó y por qué habiendo tantos reales, con uno inexistente se quedó.
Pudiera ser que la ilusión es algo que llena más que la realidad, porque se moldea, se acomoda a uno y se vive una y otra vez.
El otoño deja restos en la arena y pedacitos de madera, como tronquitos pequeños se quedan extendidos, no entiendo de donde vienen.
Recuerdo este verano cuando nadando topé con un trozo de madera, me llamó la atención algo que a unos metros tenía colores y lo recogí.
Cuando lo tuve en mi mano me di cuenta que era un resto de una barca, las capas de pintura se habían saltado y se veían los colores añejos deslucidos, me dio a indicar que bastantes años tendría.
Cuando salí del mar y me acercaba hasta donde tenía la toalla, algunas personas me miraban, no voy a pensar que era por mi bikini espectacular, sino por haber salido del agua con semejante porquería ( pensarían)
Cuando llegué a mi casa me preguntaron si estaba empezando con algo similar al síndrome de Diógenes, pero yo sabía que ese pedacito de barca era como si fuera un hueso de algo que existió, lo suficiente como para inventar un relato de algo que una vez vivió.
El pescador de sueños tomó una brocha y pintó otra vez aquel nombre y quedó apoyado en la barca, a lo lejos algo más sofisticado y real iba a atracar en el muelle
Pero ambos seguíamos con nuestras ilusiones, empecé a hacer una diminuta choza con los tronquitos en la arena y allí mi imaginación voló hasta la isla en la que vivía, en una choza llena de frutas autóctonas, una barca y un pescador…
Azul. 12-11-2010
